Quiero ver cuajar, en oro, / los silencios de la tarde, / cuando el sol duerme en mi pueblo, / en sus piedras y en mi carne. (A.H.Q.)

Artesanos. Tejido de cañizos

En Peñarroyas vive el último artesano, que queda en la zona, en el arte de tejer cañizos, Cristóbal Martín, desde el fallecimiento hace pocos años de Evaristo Martín. Aunque no es una actividad que desarrolle en exclusividad, mantiene una tradición que desgraciadamente va a desaparecer. rajando canas

La materia prima que se utiliza es la caña común (arundo donax), una planta que alcanza los 2-5 m de altura, tiene tallo grueso y hueco y flexible. Se recolectan a finales de diciembre cuando las cañas están granadas. Para limpiar las cañas de hojas y de las flores que forman panojas se usa una hoz de segar. Después se eligen tallos que tenga un grosor similar y se cortan con la faz a la misma longitud. Las cañas, en grupos de 8 a 10, forman la estructura (urdimbre). Mientras se urde el cañizo, este esqueleto se sujeta por ambos extremos con unos útiles parecidos a horquillas.

Las cañas que forman la trama se parten longitudinalmente en tres o cuatro tiras, con una herramienta llamada rajador, una especie de cuña, que se inserta en un extremo de la caña y que al golpearla con una maza hace que el tallo de la caña se raje. Se utilizan rajadores distintos dependiendo el número de tiras que se quieren conseguir.  trenzando canas

Las tiras de caña verde se doblan con facilidad y así se puede confeccionar todo el entramado, con cuidado de no doblarlas por los nudos para que no se quiebren. En una hora puede fabricarse un cañizo completo, después se deja secar.

Los cañizos que se hacen en Peñarroyas se venden a un almacén de materiales de construcción donde los comercializan. Su mayor aplicación, derivada de su gran resistencia, es la de servir de sujeción del yeso en los cielos rasos. Otra aplicación es la doméstica para secar fruta, carnes, ya que permite el paso del aire a través del entramado.

Los artesanos de los cañizos han heredado esta práctica de varias generaciones anteriores, pero no lo han transmitido a sus hijos, por lo que pronto puede desaparecer esta práctica artesana.

(Extraído de Cantalobos 16, octubre-diciembre 1996)

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